La historia fundamental del pueblo que finalmente fue conocido por el nombre de Israel comienza con la historia de la familia de Abraham. Su único hijo Isaac (“el que ríe”) fue el padre de Jacob, quien, a su vez, fue padre de doce hijos cuyos nombres identifican a las doce tribus de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín.
Claro, esta relación tradicional omite detalles notables.
En primer lugar, un hijo de Isaac, Esaú, le vendió a Jacob, su hermano gemelo, la primogenitura por un plato de lentejas y Jacob engañó a su padre para obtener su beneplácito (Génesis 25: 29-34). Como veremos repetidamente, un patriarca debe incluso usar artimañas deshonestas para obtener el éxito, lo que importa es el resultado. Uno de los significados del nombre Jacob es “el que engaña”.
En segundo lugar, Jacob tuvo dos esposas a la vez que, además, eran hermanas: Lía, la mayor, tenía una mirada tierna; la menor, Raquel, era “esbelta y hermosa” (la historia completa está en Génesis 29). Además, no solo tuvo doce hijos, sino también, por lo menos, una hija. Lía le dio los primeros seis patriarcas; Raquel, los otros seis y, además, la única hija de Jacob mencionada en la Biblia, Dina, a la que no se considera ni fundadora ni matriarca de una tribu. Quizás sea porque Dina fue violada y su honor lo vengaron sus hermanos con la espada.
Además, algunos elementos secundarios de la narrativa bíblica ofrecen indicios que tienden a confirmar la suposición exegética moderna de que el pueblo de Israel fue siempre una nación multiétnica casi desde el principio, lo cual echa por tierra toda noción de los judíos como etnia. Los violadores de Dina, por ejemplo, eran hombres que deseaban convertirse en israelitas y los hermanos de la violada los atacaron cuando los violadores estaban recuperándose de la circuncisión.
La narrativa en torno a Jacob anticipa toda una variedad de episodios espeluznantes de violación y abuso contra las mujeres, a quienes se les trata esencialmente como posesión de los hombres. Jacob tuvo que trabajar para Labán, el padre de Raquel, para comprarla como cónyuge. Todo esto, por supuesto, es la fe premosaica, antes de los Diez Mandamientos.
De esa concepción provienen los episodios chocantes de la historia bíblica. Cuando me regalaron mi primera Biblia, a los 11 años, mi abuela puso el grito en el cielo, diciendo que la Biblia estaba repleta de historias demasiado escabrosas para un niño, lo que paradójicamente me impulsó a fisgonear en los líbros bíblicos para hallar lo prohibido. Sin embargo, toda la narrativa bíblica, aún con sus giros chocantes, sus patriarcas deshonestos y sus tramas poco beatas, persigue un tema común que se encierra en el nombre Israel, que significa “perseverar con Dios.”
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