26 de febrero de 2017

Abraham

Todo resumen de la historia del pueblo elegido debe comenzar, necesariamente, en la ciudad caldea de Ur, situada en la Mesopotamia, actualmente Irak. Ahí vivía un hombre llamado Abram, a quien Dios le prestó especial atención.

Cuando Dios lo eligió para ser padre de un gran pueblo, su esposa, Sarah, ya había pasado la edad de procrear. Una de las maravillas que selló de prenda el pacto (y/o “testamento”) entre Abraham y Dios, fue precisamente que Sarah dio a luz a Isaac. La historia es el prototipo de los comienzos de muchos grandes “patriarcas”, o dirigentes paternales, en la Biblia Hebrea.

Otra prenda del pacto es que Abram pasa a llamarse Abraham, en consonancia con lo que implica poner un nombre: el signo de poder del que nombra y la sumisión del nombrado. Los padres ponen nombre a sus hijos al nacer. De manera semejante, Dios le pone nombre a Abraham cuando lo elige patriarca y le asigna una misión singular.

Ese poder de decidir sobre el nombre de las cosas y las personas es la razón por la cual se consideró sagrado al nombre de Dios, el tetragrámaton o palabra de cuatro letras consonantes (las vocales se agregaron posteriormente).

Transliterado del hebreo siglos después como YHVH, era el nombre de Dios que no estaba permitido escribir o decir, a menos que fuera absolutamente necesario. Los escritos bíblicos en los que aparece Yahveh, se atienen precisamente a esa última excepción. De otra manera, según los rabinos de la antigüedad y los más ortodoxos de hoy, escribirlo y hasta decirlo en voz alta es asumir un poder y una familiaridad indebidos frente al Todopoderoso.

Más allá del hijo y el nombre del patriarca, hubo todo un conjunto de signos de esa relación particular. Por ejemplo, se le ordenó circuncidar a todos los varones.

Pero he aquí la prueba y prenda decisiva: ser capaz de obedecer a Dios cuando pide que uno haga algo doloroso y hasta repugnante. Dios le pide a Abraham que mate a su único hijo, Isaac, el hijo único y amado de su vejez. Y Abraham llega al punto de cumplir la orden cuando Dios lo detiene.

La historia es acerca de la obediencia, pero  asimismo tenía un mensaje adicional para quienes la escucharon por primera vez y luego la contaron a otros. Hay que recordar que los hebreos de la antigüedad conocían el sacrificio humano que se realizaban en el marco de algunas religiones y cultos a su alrededor. En la historia de Abraham que aparece en el Génesis, la Biblia enseña que el único Dios verdadero no exige sacrificios humanos; Dios les pone fin cuando le ordena a Abraham que no use su espada contra su hijo.

Leonard Cohen compuso una linda canción sobre el tema llamada La Historia de Isaac, en la que la letra narra el episodio bíblico desde el punto de vista de Isaac.

Dios promete a Abraham que el patriarca será padre de una nación más numerosa que las estrellas. Entonces usa el plan de mudarse que Abraham había elucubrado con su suegro y lo transforma en misión divina: el viaje a una tierra que, Dios promete, será el hogar ancestral de sus descendientes.

19 de febrero de 2017

Libros de la Historia del Pueblo Elegido

El siguiente grupo de escritos bíblicos son los libros históricos. Estos son, con variaciones según las distintas colecciones: Josué, Jueces, Rut, 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Reyes, 2 Reyes, 1 Crónicas, 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester, 1-4 Macabeos.

Estos libros de la Biblia cuentan la historia del pueblo elegido, los hebreos*, elaborada por escribas y editores rabínicos hasta el segundo siglo AEC**.

¿Y qué tiene que ver esto con nosotros? Para el judaísmo, estos libros consagran hitos claves en la relación colectiva de los hebreos con Dios.

Para los cristianos modernos, que somos mayormente gentiles y no hebreos, proporcionan un contexto histórico que ayuda a entender de qué hablaba el ebanista galileo de nuestra fe, dado que no hablaba de nuestra cultura moderna, sino de la historia de fe recibida por sus oyentes y su pueblo.

La fe bíblica se destaca principalmente en ser, sobre todo, una historia con implicancias. En las próximas entradas, trataré de resumir esa historia a fin de proporcionar una visión general que el lector puede profundizar por su cuenta.


* Veremos que el término “judíos” no entró en uso hasta la ocupación romana de Palestina, o sea que, para todo lo anterior, corresponde usar “hebreos”.

** AEC (antes de la era común) y EC (era común) son la forma moderna y que denotan tolerancia de hablar de las tradicionales eras AC (Antes de Cristo) and AD (Anno Domini, o año del Señor). Curiosamente, en los estudios bíblicos modernos se ha concluido que es probable que el nacimiento de Jesús de Nazaret  haya ocurrido en el verano del año 6 antes de nuestra era, razón adicional para usar AEC como nomenclatura razonable.

12 de febrero de 2017

La Ley


Aparte de los diez mandamientos, hay escasa legislación divina en los libros de Génesis, Éxodo o Números. De vez en cuando, aparece una sugerencia divina (“procread y multiplicaos”) y una prohibición aquí y allá (no coman de ese árbol) y una dirección de escena (“id y decidle, ‘Deja que mi pueblo se vaya’ ”).

Hay, por supuesto, grandes explicaciones cosmológicas y un hablar fácil e íntimo entre patriarcas y Yavé (Dios). Por supuesto, está implicita la fidelidad al pacto divino-humano, pero no hay mandatos como tales.

La ley real comienza con Levítico, que es mayormente la ley ritual. Dirigida a los levitas, miembros de la tribu de Levi, la tribu sacerdotal encargada de cuidar el Tabernáculo, artefacto del que hablaremos más adelante. Continúa con el Deuteronomio (o segunda ley), que contiene una serie de discursos atribuidos a Moisés.

Los dos libros forman el núcleo de la Ley comunmente citada por los judios. No todas sus ordenanzas se aplican a todo el mundo.

La Ley abarca casi todos los aspectos de la vida. La iniciación de los varones en la comunidad (circuncisión), reglas dietéticas (la prohibición de comer cerdo, o mezclar productos lácteos con carnes, etc.), la oración, el matrimonio, los negocios y demás.

El judaísmo moderno no exige, literalmente, la observancia de toda la ley, a pesar de que ciertas ramas ortodoxas de la religión lo intentan. De hecho, el judaísmo se convirtió en una religión de otros escritos en el Talmud, una colección de enseñanzas rabínicas, resoluciones e interpretaciones de la ley bíblica “mosaica” original. El Talmud fue recopilado entre los siglos II y V de nuestra era.

Al igual que los fallos judiciales en el derecho consuetudinario definen lo que es constitucional, la interpretación y aplicación de la Ley en el Talmud se considera como parte de la Ley, por extensión.

El cristianismo dejó de observar la mayor parte de las ordenanzas bíblicas (en particular las reglas rituales y de dieta) como normativas para gentiles a instancias de Pablo de Tarso. Más tarde se relevó de dichas obligaciones a todos los cristianos, incluyendo a los judíos que eran seguidores de Jesús.

Quedan algunos lectores muy literales—en general, protestantes—que toman algunas ordenanzas con gran seriedad. Por ejemplo, muchos cristianos evangélicos consideran como parte de la moralidad cristiana a los mandatos de la Biblia Hebrea contra la homosexualidad (que eran en realidad normas para asegurar la supervivencia demográfica del Pueblo Elegido); sin embargo, no sienten el menor resquemor al comer jamón, igualmente prohibido.

La Ley es importante como regla moral para el judío creyente o aquellos interesados en el judaismo. También es importante para el cristiano que desee entender el Nuevo Testamento. Es el tema del que hablaban Jesús y los apóstoles, quienes eran judíos.

5 de febrero de 2017

La Biblia Hebrea

La Biblia no es un libro. La palabra griega byblos, de donde obtenemos “Biblia,” significa “libros”. La colección cristiana de libros bíblicos está dividida en el Antiguo y el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento es más o menos lo que el judaísmo hoy llama el Tanak, con frecuencia denominada la Biblia Hebrea.

Los judíos y los cristianos no están de acuerdo sobre el número y orden de los libros que pertenecen en la Biblia Hebrea, al igual que los cristianos muestran diferencias en la interpretación de la lista. Las discrepancias afectan sólo fragmentos de la colección del Antiguo Testamento, que en conjunto divide en tres grupos.

Una forma de recordar los grupos es la palabra hebrea Tanak, que es un acróstico. Como el hebreo antiguo no tenía vocales escritas, la palabra es TNK, de la Torá (la ley), Nevyim (profetas) y Ketuvim (“escritos”). En el uso cristiano, que proviene de la traducción griega conocida como la Septuaginta, se les conoce comúnmente como el Pentateuco (literalmente, “cinco libros”), los libros históricos y los libros de sabiduría, que incluye a los profetas.

El Pentateuco es la colección fundamental, que intenta explicar a través de una narrativa de origen mitológico como llegó a ser el mundo, el lazo del Pueblo Electo con Dios, y diversas ordenanzas que según el inventario rabínico forman un conjunto de 613 leyes divinas.

Los libros históricos cuentan la larga historia del pueblo hebreo, desde su regreso a la tierra prometida conducido por Moisés a su rebelión contra los conquistadores griegos sólo unos pocos siglos antes de Jesús.

Los libros de la sabiduría incluyen colecciones de dichos, un largo poema romántico, una colección de 150 himnos llamados salmos y pequeños tratados sobre temas esenciales como el matrimonio.

Finalmente, figuran las historias y prédica de ciertos hombres llamados profetas. En términos bíblicos la palabra “profecía” no significa adivinar el futuro, sino más bien presentar los eventos claves de la historia del Pueblo Electo, tanto retrospectivamente como prospectivamente, desde la perspectiva divina, según lo revelado a los profetas. El profeta, podría decirse, interpreta la historia desde el punto de vista divino.

Antes de ponerse a leer la Biblia Hebrea es necesario conocer dos elementos acerca de la colección.

Composición


En primer lugar, los libros de la Biblia Hebrea no fueron producidos como componemos los libros actualmente.

La mayoría del contenido bíblico fue compuesto desde alrededor del 1.800 AEC (antes de la Era Común) a aproximadamente 1.000 AEC, y transmitido en forma oral. Constituye la tradición oral del pueblo hebreo y tradiciones orales y escritas de sus vecinos que vivían entre la Mesopotamia Asiática (actual Irak) y la cuenca del río Nilo, en Egipto.

Entre 1.000 AEC y el quinto siglo AEC, se comenzaron a transcribir las tradiciones orales. Al regresar del exilio de Babilonia, hacia el fin de esa época, los rabinos y escribas comenzaron a montar la mayor parte de los rollos en el orden que se les conoce hoy, con algunas discrepancias según las copias.

Estos textos fueron escritos en diversas formas de hebreo y dada la ausencia de la prensa y la tecnología de procesamiento de textos, fueron copiados repetidamente, a mano. No queda hoy un solo ejemplar del texto “original” escrito por los autores humanos a quienes se atribuyen los libros bíblicos. De este modo, se explican algunos de los errores de copia y los problemas de congruencia que surgen para el lector moderno al pretender conocer la Biblia.

No se le ocurrió a nadie hasta mucho después de la expulsión de los judíos de la Palestina romana en el año 70 de nuestra era, sentar por escrito una lista y orden preciso de los libros, es decir, lo que hoy llamamos el “canon” (kanon en griego, que significa “medida”) de libros que propiamente debieran considerarse bíblicos. El resultado es que hoy hay cánones rabínico, católico, ortodoxo y protestante.

Los textos más antiguos que sobreviven hoy en día están en griego o hebreo. No se le ocurrió a nadie organizar los textos en capítulos y versos numerados hasta la Edad Media, que es cuando los Masoretas, la escuela rabínica española del famoso Rabino Moisés Maimónides, insertó vocales en el texto hebreo.

Autoría


A la mayoría de los libros se les conoce como vinculado a un ser humano particular. Los del Pentateuco (Genesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) se presentan como libros “de Moisés”.  No obstante, entre los que compusieron, transmitieron y escribieron los libros de la Biblia Hebrea nuestra idea de la autoría era una nociones totalmente desconocida, y ni hablar de hechos fácticos o empíricos.

Es decir, que un libro diga que es “ de Moisés” no quiere decir que hay un manuscrito de puño y letra del viejo Moisés, quien se sentó y los escribió en las noches durante la travesía por el desierto. Más bien, significa que las personas que repitieron, escribieron y copiaron sus dichos, otros los editaron y los organizaron, todos en la creencia de que se trataban de las enseñanzas e historias que representaban la “escuela” de Moisés.

Es similar al caso de Sócrates, cuyas palabras fueron escritas por discípulos, en particular Platón, y no por Sócrates mismo.

Para confundir al lector moderno aún más, gran parte de la Biblia Hebrea contiene una narración acerca de hechos que ocurrieron mucho antes de que hubiesen nacido los supuestos autores. Moisés no fue testigo de la creación, del pacto con Abraham,  ni de muchos otros episodios en sus libros, mucho menos los posteriores narradores y escritores de los textos.

Los editores, la mayoría de ellos de alrededor del siglo V antes de nuestra era, tenían el punto de vista rabínico de que todas las versiones de un acontecimiento que hubiesen sobrevivido (acordarse que estamos hablando de siglos de contar el cuento ante fogatas miles de veces) representaban verdades recibidas que tenían algo importante que enseñar. Por lo tanto, se abstuvieron de eliminar versiones, sino que las fundieron y el resultado es a veces torpe o confuso (por ejemplo, dos historias de la creación y del diluvio universal que no son idénticas).

La idea moderna es que un hecho histórico verídico viene de una comprensión científica del factum, que significa más o menos algo que se ha hecho o se ha producido. Los hechos científicos son verificables, se ajustan a la experiencia y pueden ser reproducidos o probados.

A los antiguos que compusieron y transmitieron la Biblia, la ciencia moderna les era completamente desconocida. Conocían verdades que surgían de la experiencia directa, la percepción o la imaginación. Sin saber el proceso de condensación que produce la lluvia, por ejemplo, pensaban que la lluvia era obra de alguna fuerza invisible que había decidido que lloviese de vez en cuando.

Todas las historias, fácticas o no, eran para ellos algo parecido a lo que son para nosotros las novelas, no los diarios o boletines de noticias. El que escribió la historia de la creación, obviamente, no estaba ahí, por ejemplo; nadie creía que la historia vino de un testigo ocular, y mucho menos que el detalle era exacto a un nivel microscópico o astronómico.

Aunque voy a intentar dar una visión general del contenido de la Biblia Hebrea, cualquier persona que desee entrar en más detalles podría comenzar con el artículo de la Wikipedia sobre la Biblia Hebrea. Pero tal vez la mejor carta de presentación académica contemporánea escrita por un cristiano (un metodista en este caso) es el libro Antiguo Testamento por el profesor Bernhard Anderson, utilizado durante mucho tiempo en muchos seminarios, escuelas de teología y las mejores universidades.

Jueces, Reyes, Profetas

Había una vez un hombre agazapado en el tejado de su casa durante una inundación. Rechazó la ayuda de un desconocido que pasaba en una canoa...