5 de febrero de 2017

La Biblia Hebrea

La Biblia no es un libro. La palabra griega byblos, de donde obtenemos “Biblia,” significa “libros”. La colección cristiana de libros bíblicos está dividida en el Antiguo y el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento es más o menos lo que el judaísmo hoy llama el Tanak, con frecuencia denominada la Biblia Hebrea.

Los judíos y los cristianos no están de acuerdo sobre el número y orden de los libros que pertenecen en la Biblia Hebrea, al igual que los cristianos muestran diferencias en la interpretación de la lista. Las discrepancias afectan sólo fragmentos de la colección del Antiguo Testamento, que en conjunto divide en tres grupos.

Una forma de recordar los grupos es la palabra hebrea Tanak, que es un acróstico. Como el hebreo antiguo no tenía vocales escritas, la palabra es TNK, de la Torá (la ley), Nevyim (profetas) y Ketuvim (“escritos”). En el uso cristiano, que proviene de la traducción griega conocida como la Septuaginta, se les conoce comúnmente como el Pentateuco (literalmente, “cinco libros”), los libros históricos y los libros de sabiduría, que incluye a los profetas.

El Pentateuco es la colección fundamental, que intenta explicar a través de una narrativa de origen mitológico como llegó a ser el mundo, el lazo del Pueblo Electo con Dios, y diversas ordenanzas que según el inventario rabínico forman un conjunto de 613 leyes divinas.

Los libros históricos cuentan la larga historia del pueblo hebreo, desde su regreso a la tierra prometida conducido por Moisés a su rebelión contra los conquistadores griegos sólo unos pocos siglos antes de Jesús.

Los libros de la sabiduría incluyen colecciones de dichos, un largo poema romántico, una colección de 150 himnos llamados salmos y pequeños tratados sobre temas esenciales como el matrimonio.

Finalmente, figuran las historias y prédica de ciertos hombres llamados profetas. En términos bíblicos la palabra “profecía” no significa adivinar el futuro, sino más bien presentar los eventos claves de la historia del Pueblo Electo, tanto retrospectivamente como prospectivamente, desde la perspectiva divina, según lo revelado a los profetas. El profeta, podría decirse, interpreta la historia desde el punto de vista divino.

Antes de ponerse a leer la Biblia Hebrea es necesario conocer dos elementos acerca de la colección.

Composición


En primer lugar, los libros de la Biblia Hebrea no fueron producidos como componemos los libros actualmente.

La mayoría del contenido bíblico fue compuesto desde alrededor del 1.800 AEC (antes de la Era Común) a aproximadamente 1.000 AEC, y transmitido en forma oral. Constituye la tradición oral del pueblo hebreo y tradiciones orales y escritas de sus vecinos que vivían entre la Mesopotamia Asiática (actual Irak) y la cuenca del río Nilo, en Egipto.

Entre 1.000 AEC y el quinto siglo AEC, se comenzaron a transcribir las tradiciones orales. Al regresar del exilio de Babilonia, hacia el fin de esa época, los rabinos y escribas comenzaron a montar la mayor parte de los rollos en el orden que se les conoce hoy, con algunas discrepancias según las copias.

Estos textos fueron escritos en diversas formas de hebreo y dada la ausencia de la prensa y la tecnología de procesamiento de textos, fueron copiados repetidamente, a mano. No queda hoy un solo ejemplar del texto “original” escrito por los autores humanos a quienes se atribuyen los libros bíblicos. De este modo, se explican algunos de los errores de copia y los problemas de congruencia que surgen para el lector moderno al pretender conocer la Biblia.

No se le ocurrió a nadie hasta mucho después de la expulsión de los judíos de la Palestina romana en el año 70 de nuestra era, sentar por escrito una lista y orden preciso de los libros, es decir, lo que hoy llamamos el “canon” (kanon en griego, que significa “medida”) de libros que propiamente debieran considerarse bíblicos. El resultado es que hoy hay cánones rabínico, católico, ortodoxo y protestante.

Los textos más antiguos que sobreviven hoy en día están en griego o hebreo. No se le ocurrió a nadie organizar los textos en capítulos y versos numerados hasta la Edad Media, que es cuando los Masoretas, la escuela rabínica española del famoso Rabino Moisés Maimónides, insertó vocales en el texto hebreo.

Autoría


A la mayoría de los libros se les conoce como vinculado a un ser humano particular. Los del Pentateuco (Genesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) se presentan como libros “de Moisés”.  No obstante, entre los que compusieron, transmitieron y escribieron los libros de la Biblia Hebrea nuestra idea de la autoría era una nociones totalmente desconocida, y ni hablar de hechos fácticos o empíricos.

Es decir, que un libro diga que es “ de Moisés” no quiere decir que hay un manuscrito de puño y letra del viejo Moisés, quien se sentó y los escribió en las noches durante la travesía por el desierto. Más bien, significa que las personas que repitieron, escribieron y copiaron sus dichos, otros los editaron y los organizaron, todos en la creencia de que se trataban de las enseñanzas e historias que representaban la “escuela” de Moisés.

Es similar al caso de Sócrates, cuyas palabras fueron escritas por discípulos, en particular Platón, y no por Sócrates mismo.

Para confundir al lector moderno aún más, gran parte de la Biblia Hebrea contiene una narración acerca de hechos que ocurrieron mucho antes de que hubiesen nacido los supuestos autores. Moisés no fue testigo de la creación, del pacto con Abraham,  ni de muchos otros episodios en sus libros, mucho menos los posteriores narradores y escritores de los textos.

Los editores, la mayoría de ellos de alrededor del siglo V antes de nuestra era, tenían el punto de vista rabínico de que todas las versiones de un acontecimiento que hubiesen sobrevivido (acordarse que estamos hablando de siglos de contar el cuento ante fogatas miles de veces) representaban verdades recibidas que tenían algo importante que enseñar. Por lo tanto, se abstuvieron de eliminar versiones, sino que las fundieron y el resultado es a veces torpe o confuso (por ejemplo, dos historias de la creación y del diluvio universal que no son idénticas).

La idea moderna es que un hecho histórico verídico viene de una comprensión científica del factum, que significa más o menos algo que se ha hecho o se ha producido. Los hechos científicos son verificables, se ajustan a la experiencia y pueden ser reproducidos o probados.

A los antiguos que compusieron y transmitieron la Biblia, la ciencia moderna les era completamente desconocida. Conocían verdades que surgían de la experiencia directa, la percepción o la imaginación. Sin saber el proceso de condensación que produce la lluvia, por ejemplo, pensaban que la lluvia era obra de alguna fuerza invisible que había decidido que lloviese de vez en cuando.

Todas las historias, fácticas o no, eran para ellos algo parecido a lo que son para nosotros las novelas, no los diarios o boletines de noticias. El que escribió la historia de la creación, obviamente, no estaba ahí, por ejemplo; nadie creía que la historia vino de un testigo ocular, y mucho menos que el detalle era exacto a un nivel microscópico o astronómico.

Aunque voy a intentar dar una visión general del contenido de la Biblia Hebrea, cualquier persona que desee entrar en más detalles podría comenzar con el artículo de la Wikipedia sobre la Biblia Hebrea. Pero tal vez la mejor carta de presentación académica contemporánea escrita por un cristiano (un metodista en este caso) es el libro Antiguo Testamento por el profesor Bernhard Anderson, utilizado durante mucho tiempo en muchos seminarios, escuelas de teología y las mejores universidades.

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